Panamá, 2 de febrero de 2012 |
Revolcón de los barrios |
|
42 reinas sin corona
La discriminación racial puso fin a la organización de un Carnaval privado
Elba era una adolescente cuando sus padres le dieron permiso, muchos años atrás, para ir a los cuatro culecos de los Carnavales Agua, Sol, Playa y Luna; pero ella, que por primera vez le rendía culto al famoso Momo, le añadió pasión a la fiesta, de manera que poco después su organismo le pasó factura y se formó el correcorre quedando casada y en espera de la ‘inoportuna’ cigüeña. Y nunca más había vuelto a disfrutar los Carnavales porque su marido, como castigo por la imprudencia de haberse dejado embarazar y, de paso, haberlo obligado a dejar sus estudios y ponerse a trabajar, le prohibió rotundamente toda participación en estas fiestas. Ni siquiera el consuelo de mirar los culecos en la televisión. Por eso, cuando su marido le anunció que se iba definitivamente con la otra, Elba no se puso triste, al contrario, mientras lo veía empacar su ropa y herramientas de trabajo pensaba en cómo ‘recuperar los más de veinte culecos perdidos’. Fue entonces que se le ocurrió, y en vista de la nueva modalidad capitalina de los Carnavales privados, hacer unos en su sector, con reinas, culecos, venta de comida, distribución de condones —para que a nadie le pasara como a ella—. Las vecinas, en su mayoría arrepinchosas, pero que no salían a carnavalear lejos por temor a que les mudaran los maridos, acogieron con entusiasmo la iniciativa de Elba, formaron un comité y empezaron los preparativos. Esa misma tarde salieron todas a comprar los shorts, porque había que lucir los encantos antes de que los años hicieran cuenta de ellos. Al día siguiente, ya había inscritas 42 candidatas a reina de los Carnavales del Desquite. Esa tarde, a las cuatro en punto, ni un segundo más ni uno menos, estaban las 42 candidatas con sus mamás, reunidas en la casa de Elba, donde el comité del Carnaval las había convocado para explicarle las reglas del reinado, para iniciar las clases de ‘tirar besitos’ y para que aprendieran a bailar murga. Había tanto entusiasmo de las madres por ver a sus hijas coronadas que no paraban de hablar comentando cómo celebrarían el triunfo que hubo que traer un micrófono para continuar la reunión. —Siempre he dicho que para ser reina de Carnaval se necesitan las cuatro b: ser blanca, ser bonita, saber bailar y saber tirar besitos— dijo una de las madres de las candidatas. Y el ‘gonzalazo’ no se hizo esperar, al igual que en la Asamblea, se formó un pleque pleque descomunal, porque la mamá de una de las aspirantes se levantó airada, hizo ademán de arremangarse el suéter que no tenía mangas y se le cuadró a la blanca racista, a quien el entusiasmo por ver a su hija presidiendo un carro alegórico le dio fuerza y coraje. La lluvia de puñete cayó enseguida y, como siempre, se formaron dos bandos: el de las mamás de las candidatas blancas y el de las otras. En cosa de minutos se formó el pandemonio: jaladera de cabelleras rubias, empujones, bofetones, potes quebrados y flores por el piso, rostros de reinas arañados y sillas voladoras por todos lados mientras los perros, asustados por el alboroto, se unieron a la algarabía e hicieron que Elsa reaccionara y llamara a la Policía, que llegó y de tres manotazos separó a las dos madres que comenzaron la riña. Enseguida, las 42 candidatas y sus mamás abandonaron la casa de Elba, quien nunca más ha vuelto a organizar Carnavales. Publicidad
|
Publicidad
Lee más...
Las más leidasLas más comentadasPublicidad
|
|
Calle Alejandro Duque y Ave. Frangipany
Apto. Postal 0515-00662
República de Panamá
digital@elsiglo.com
|
Presidente:
Eduardo Antonio Quirós
Vicepresidente Ejecutivo y Gerente General:
Henry Ávila Herrera
Directora Encargada:
Magaly Montilla
mmontilla@elsiglo.com
|
Editores: |
|
Circulación: 204-0974 |
Publicidad y Mercadeo: 204-0926 |
Redacción: 204-0000 / 204-0921 |
Chiriquí: 775-8267 |