Panamá, 5 de febrero de 2012 |
Revolcón de los barrios |
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El empresario del carnaval
Efraín quería aumentar su presupuesto del carnaval, por lo que creó una escuelita de baile, temporal y económica. La rivalidad entre dos reinas le echó a perder el negocio
E fraín era un tipo emprendedor, que le gustaba la plata, la cerveza, la política y las mujeres bonitas, pero delgadas y distinguidas. Ahora andaba enredado en amores con Martelina, una guapa tonosieña a quien la gente, a menudo, confundía con la elegante primera dama.
La entrada del nuevo año le había traído mucha felicidad porque Martelina, estando abrazaditos en el cine, le dijo que quería llevarlo a que conociera a sus padres, quienes vivían en el interior. Y para Efraín esto significaba que la cosa iba en serio, por lo que decidió presentarse ‘bien fondeado’ (con bastante plata) ante los futuros suegros. Con este fin y para aprovechar la temporada de Carnaval, en la que las mamás, más que las mismas hijas, dan hasta sus ojos para ver ‘la sangre de su sangre’ luciendo una corona de la fiesta de Momo, alquiló un local apropiado y colocó un letrero: ¿Quiere que su hija tire besito y baile como una verdadera reina? Matricúlela aquí. Precios de feria. La clientela no tardó en llegar, tanta que hubo que contratar más instructores de baile y elaborar varios horarios de clase. El local abría a las seis de la mañana y cerraba a medianoche. Durante todo el día había un desfile de muchachas y de otras no tan jóvenes, pero sí bellas, curvilíneas y alegres, dispuestas a aprender en pocos días los diferentes ritmos que allí enseñaban. Oa, oa, oa se escuchaba a menudo. Las indicaciones de los instructores y los llamados de atención iban y venían en un ambiente de fiesta y camaradería. Pero la llegada de Yamileth, reina de un sector capitalino, agrió el panorama, pues empezó a criticar a las que no tenían mucha experiencia o poco donaire para ejecutar los pasos. En esa criticadera estuvo más de una semana, hasta que llegó Darkelis Ireika, quien entró justo cuando Yamileth se burlaba de una chiquilla que tenía poca gracia para tirar besitos. El primer día solo se miraron, pero dejaron, con esa mirada, sentadas las bases del pleito. Fue al día siguiente que se formó el pandemonio. La asesora de Darkelis Ireika le exigió que también debía saber bailar tamborito, por lo que la chica llegó dispuesta a aprenderlo. La instructora de tamborito, alta y corpulenta, les pidió que formaran un círculo para escuchar las indicaciones, luego puso un tema cantado por la recién fallecida e inolvidable Lucy Jaén. Mientras esto ocurría, Yamileth, sentada en un cojín, miraba todo con aires de sabionda. Fue en ese momento que la instructora le pidió a Darkelis Ireika que bailara, orden que ella cumplió, pero con mucha deficiencia porque nunca había bailado tamborito. La reacción de burla de Yamileth fue inmediata, e instantánea surgió la de Darkelis Ireika que se le abalanzó como una fiera. La instructora quiso separarlas, pero la uña larga de Yamileth la hizo retroceder enseguida. A la trifulca se unieron las mamás de las estudiantes menores de edad, que por regla de la escuela, debían acompañar a clases a sus hijas. Efraín llegó en ese momento y quiso restablecer el orden, pero la batahola era tal que nadie le hizo caso. Desesperado llamó a la Policía, que acudió casi enseguida y aquietó a las revoltosas. El mobiliario y las ventanas del local quedaron destruidos y, por si fuera poco, los vecinos de la escuela, le exigieron a la corregidora que cerrara la escuelita de baile. Publicidad
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