Panamá, 3 de mayo de 2012
Revolcón de los barrios
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Dos chambones más


La sensual Estrella dejó a su marido porque era desatento en la intimidad. Para aliviar su fogosidad se enredó con dos más, que resultaron igual o peor
03/05/2012

Aún las sombras de la noche inundaban el cielo infinito cuando Estrella abordó el autobús para ir a su trabajo. Cerró los ojos en cuanto tomó asiento y así estuvo hasta mucho tiempo después, cuando los abrió para comprobar que ya podía contemplar las calles con sus gentes dormidas o caminando deprisa para subirse a un transporte.

En ese mirar permanente vio a una pareja perruna que, indiferente a los muchos parroquianos que estaban en la parada, retozaba en los juegos previos al encuentro íntimo. Observó asombrada que el can mordisqueaba cariñoso el cuerpo alargado de la perra, que a su vez simulaba huir para volver a encontrarse con las caricias de aquel, que además de los mordiscos suaves la olisqueaba ante la complacencia de ella.

‘La está preparando’, pensó Estrella y masculló: ‘Desgraciado, desgraciado y chambón’, refiriéndose a su marido, que jamás había tenido con ella una caricia previa. Siete años con la misma dinámica.

‘Las cosas son tumbando y capando’, decía él cada vez que estaban juntos. Y así era, luego se dormía enseguida y aquí no ha pasado nada.

Decidió dejarlo esa misma noche. Y así lo hizo comunicándoselo con estas palabras: ‘Te dejo por torpe, por chambón y por ser peor que el perro que vi esta mañana’. El marido no objetó la decisión porque tenía rato de querer cambiar de tolda, por lo que aprovechó la oportunidad, recogió a millón su ropita y se fue.

Ya en soltería absoluta, la sensual Estrella conoció a Rafael, con quien se enredó en un romance candente que duró un mes escaso, porque él apremiaba con ir a un lugar íntimo, adonde fueron la tarde en la que cayó el primer aguacero. Y la decepción de Estrella fue mayor cuando Rafael, con el control de la televisión en la mano y atento al aparato, le pidió que le quitara los zapatos y las medias, petición que ella cumplió esperanzada en que la situación mejorara, pero no fue así, el tal Rafael se volvió puro suspiro y apuro, aunque nada de atención con ella. Lo mandó pa’l carajo en cuanto salieron de allí. ‘Otro chambón’, pensó cuando lo dejó.

Tras varios meses de soledad conoció a Irving, atlético y guapo, quien la volvió loca tan solo por su presencia y modales, por lo que no tardó en ir con él a un hotelito gracioso y que cobraba un precio módico.

En cuanto entraron, Irving se tiró a la cama y al igual que Rafael le pidió que le quitara los zapatos. ‘Ve a bañarte, mi amor’, le pidió ella tras quitar otra vez el calzado.

El guapo se antojó de que ella se metiera con él al baño y lo restregara, peticiones que Estrella cumplió porque quería meterse con él a la cama, donde un rato después, en un abrir y cerrar de ojos, y aún con parte de su vestuario puesto se percató de que ya él había terminado.

‘Y esto qué es’, le preguntó furiosa.

‘Así trabaja este bello, yo vengo a lo que vengo y rápido voy por fuera’, dijo Irving.

Llena de ira tomó la ropa de él y salió dispuesta a vengarse dejándolo desnudo en la cama. Avanzó hasta la recepción donde un seguridad le impidió el paso, pues ya Irving había llamado para avisar que le habían hurtado su ropa. Regresó y quiso enfrentarse con él a puñete limpio, pero cayó al primer trompón de él. El golpe y la caída la enfurecieron tanto que en cuanto se levantó lo agarró a paraguazos logrando asestarle un golpe significativo en las partes colgantes. Y aprovechó el momento de dolor de él para bajar. Ya alcanzaba la puerta cuando la detuvo otra vez el seguridad y fue tanta su furia que descargó contra él, a punta de paraguazos y de insultos, toda su frustración y su rabia.

La llevaron a una corregiduría acusada de agresión física y verbal contra Irving y el seguridad. Tuvo que dejar sus ahorros a cambio de su libertad, pero salió convencida de que los hombres, definitivamente, no sirven y, encima, son chambones en la intimidad.





 
 
 
 
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