Panamá, 7 de agosto de 2012 |
Revolcón de los barrios |
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No, no y no
Aristela aprovechó la timidez de Luis para endosarle una responsabilidad ajena, pero las leyes biológicas la delataron y tuvo que confesar la verdad
07/08/2012 — Cuando los parroquianos vieron pasar a la hermosa Aristela, pocos voltearon a mirarla detenidamente, porque, aunque guapa y curvilínea, ya tenía sus añitos y eso, para algunos payasos que se sienten jóvenes, andar enamorando a viejas es indicio de que ya están decayendo como galanes.
El único que sí la miró hasta que la vista pudo fue Luis, de 35 añitos y casto, quien permanecía en tan singular condición gracias a que desde adolescente vivía aterrado con toparse con un no en el terreno amoroso, razón por la que nunca se atrevió a preguntarle a ninguna dama si lo aceptaba como novio o si quería algún romance con él. Ahora, apurado por las hormonas y por no estar en la estadística de los miles de panameños que están lejos de la paila, se le había ocurrido ir donde una hechicera de la tierra del merengue, pero residente en Pedregal, a pedirle una receta para quitarse el miedo al no. La dama lo escuchó muy seria, pero no pudo evitar reírse a carcajadas durante veinte minutos cuando lo escuchó decir: ‘Todavía no he probado mujer’. ‘Mi hijito y eso ‘pol’ qué. Tú no sabes que las mujeres somos lo más sabroso que dejó Dios’, le dijo la bruja cuando terminó de reírse. ‘Mira, de aquí sal directo a probarlas, pero no te metas con pelaítas, esas tienen una cárcel pintada en el ..., búscate una de edad, tú me entiendes, mayor de treinta, pues fíjate que las hembras somos una cosa complicada, nosotras decimos: A los quince, los que quise; a los veinte, con el que diga la gente, y después de los treinta, con el primero que se presenta’. Las palabras de la caribeña tuvieron un efecto mágico en el atormentado Luis, a quien le pareció que Aristela era la mujer que le convenía: ‘Encima de que está buenona, está soltera y tiene sus añitos’. Fue con este pensamiento que se atrevió a enamorarla y, tal como le dijo la extranjera, la mujer lo aceptó enseguida y de allí no demoraron mucho para entrar en actividades que la humanidad practica desde las primeras auroras, pero de las que aún no se aburre. Fueron muchas semanas de ajetreo para Luis, quien no se cansaba de su juguete nuevo ni de las exploraciones y descubrimiento que cada noche traía. Y creyó ser el hombre más dichoso del mundo hasta que una noche Aristela le dijo que estaba embarazada. ‘¡¡¡Cómo, y eso por qué!!!’, preguntó él sumamente atolondrado. La mujer lo miró y le hizo una señal obscena, que él fingió no entender. ‘¿Qué exactamente es lo que te preocupa?’, preguntó ella al verlo cabizbajo. Pero él no respondió nada y se quedó en silencio y sentado en el borde de la cama, casi hasta el amanecer, cuando ella despertó y le preguntó otra vez qué pasaba. ‘Me preocupa que somos mayorcitos los dos y que esto le cause alguna malformación al bebé’, dijo él con gravedad, pero ella lo tranquilizó diciendo que de repente se podría adelantar el parto o alguna complicación leve. Y resultaron proféticas las palabras de ella. El chiquitín llegó mucho antes de lo previsto en un hospital particular, en el que Luis casi que se le abalanzó al galeno para preguntarle por la condición del bebé. ‘Todo en orden, mañana les doy salida’, dijo el galeno. ‘Doctor, y sabrá usted el precio aproximado de una incubadora’, preguntó el nuevo papá. El médico arqueó una de las cejas en señal de asombro, por lo que Luis, olvidado por completo su temor al no, le dijo esperanzado: ‘¿Me pueden prestar la incubadora?’. Una charla corta le bastó al doctor para explicarle a Luis que solo los niños prematuros necesitan este aparato. ‘El suyo nació con los nueve meses reglamentarios’, le dijo para cerrar la conversación y se alejó. Minutos después, el viejo temor al no se apoderó de Luis cuando le preguntó a su mujer: ‘¿Soy el papá de tu bebé?’. Aristela lo miró larga y dulcemente. Un minuto largo y agobiante después contestó: ‘No, no y no’. MORALEJA: IMPUTARLE A OTRO UNA PATERNIDAD AJENA ES COMO COMPRAR UN SEGURO DE INTRANQUILIDAD. SIEMPRE HABRÁ UN DETALLE QUE REVELE LA MENTIRA. Publicidad
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