En el romántico bar-discoteca de Río Abajo, todos los pasieros quedaban bien turulatos, al contemplar el priti priti pastelito de Vilma, de unos redondeados pompis, que se estremecían cuando bailaba al son del reguetón y la salsa.
Los manes hacían fila para estar cerca de la guial, pagándole sus buenos chen chen y gozar de sus ronchins, toquecitos y besuqueos.
La fama de Vilma de remeneona se mencionaba a cada rato en la empresa donde trabaja el fren Pedro, quien decidió el fin de quincena, cuando cobraba su chen chen como ejecutivo, de darse una vuelta por el bar y conocer a la tal Vilma.
Al llegar, ya estaba la guial en la pista bailando, mostrando, a través del bikini hilo dental, todos sus remeneos y se acercaba a cada uno de los que estaban cerca de la pista y se sentaba en sus piernas y a la vez recibía billes.
Esa noche, el man no pudo hacer nada, solamente contemplar, ya que todos los puestos de la parte delantera de la pista estaban ocupados, pero quedó con el coco de prepararse para la próxima quincena, donde cobraba además un abultado decimotercer mes y llegaría más temprano.
Pedro le apostó a todos sus pasieros lo que le había pasado, pero ahora llegaría temprano y la levantaría, aunque tuviera que amanecer esperándola después del baile.
Ninguno de los pasieros habían logrado levantar a la guial, porque costaba buco chen chen, cada trago costaba diez palos y aparte de los picadillos y boquitas que vendían en el restaurante del bar.
Pedro se creía un fijo y sacó del cajero automático un buen fajo de billes con la cual tumbaría a la guial.
Esa noche, el man llegó temprano y quedó en la primera fila de la pista y gozaba de los remeneos de Vilma, quien se le sentaba a cada rato, ya que el man en cada rochins, le soltaba 50 palos.
Vilma esa noche se dedicó solamente a Pedro, al darse cuenta que el man tenía buco de chen chen.
Cuando estaban ya cerrando el bar, el man logró por fin, después de muchos billes, salir con la monumental Vilma y en lugar de un hotel, la guial lo invitó a su casa, un poquito más lejos de Río Abajo y cuando el taxi giraba en una curva, salieron tres manes con pistola en mano y le entraron a golpe a Pedro y dejaron libre, sana y salva a la guial.
Y Pedro, bien adolorido, solamente escuchaba casi a lo lejos que uno de los asaltantes gritaba: ¡Gracias... Gracias Vilma”.
Ahora se dio cuenta que fue víctima planeado y sin poder reclamar ni presentar denuncia, por temor a que se dieran cuenta en su casa.