Acostumbrado desde joven a pernoctar en prostíbulos, la esposa cansada de esa situación, se armó de valor y lo buscó, entró al cuarto y lo sacó a punta de leño, situación que obligó la presencia de otros policías, ya que la mujer quería matarlo, por cochino.
Justa es una mujer dedicada a las oraciones, cooperadora con los pobres, inclusive, ayuda al cura Teodomiro en los quehaceres de la parroquia, pero su marido era el diablo, se emborrachaba, insultaba a su esposa, y lo peor, buscaba amores en los prostíbulos del mercado.
Pero cada quien vivía su mundo, hasta que sus amigas de oración le advirtieron que cuando se muera no podrá entrar al cielo, porque tiene como esposo al mismo diablo, situación que la tenía preocupada, no así a los tres hijos, que veían a su papá como un bohemio y alegre, situación no aceptada por la madre.
Justa acudía temprano a la parroquia, ayudada en adornar la mesa principal, así como recoger las ofrendas, después regresaba a casa, que queda cerca de la iglesia y atendía el hogar.
Arturo, como se llama el diablo…, digo el esposo de Justa, llegaba tarde de noche, jumao y exigiendo comida, se ponía a ver telenovelas de los capos, donde aprendía cómo gozar con las mujeres con solo someterlas.
Ya cansado y a parte de la juma, se acostaba a dormir, mientras que Justa oraba a una cantidad de afiches de santos habidos y por haber, pidiéndole al Señor, que sacara a su marido de ese mundo infernal, pero a Arturo solamente se le escuchaba el ronquido del sueño. Al día siguiente, se despertaba como si nada y se iba a trabajar, sin haberle tocado siquiera un pelo a su hermosa mujer.
El cura Teodomiro le dio una oración a Justa, para que le rezara al marido y sacarlo de ese mundo de sexo y licor, pero Arturo no aprendía ni con oraciones, porque, según las amigas de iglesia, tenía pacto con el Satán.
Pero Justa decidió mejor agarrar el diablo… digo al toro por los cachos, y una noche abordó un taxi que la condujo al prostíbulo, donde al principio no la dejaban entrar, pero estaba acompañada de un policía y con boleta de conducción.
Arturo no estaba en el bar y muchos menos jugando maquinitas, por lo que sospechó que estaba en lo que estaba, una dominicana le aseguró que estaba en el cuarto 12B, acompañado de una colombiana, quienes se odian a muerte. Justa entró al cuarto, estaba Arturo en plena forma, parecía un ternero pegado a la teta, con patada a la Luna y chacareo de cristal, cuando de repente lo dieron con un tuco cuatro por cuatro, que lo dejaron aturdido en el piso.
El policía con la boleta se había quedado afuera, respetando la intimidad de la pareja, pero tuvo que entrar, cuando el cantinero le aseguró que la celosa mujer estaba matando al marido, pero éste ya estaba aturdido, la que recibió su tanda de madero fue la colombiana, que tuvo que ser rescatada por otros policías.
El caso llegó a la corregiduría, donde sancionaron a Justa, pero Arturo dejó el ron y las mujeres, ahora lo ven acompañando a su esposa a todas las misas que hay en la parroquia del barrio de San Felipe.