Panamá, con la eliminación ante El Salvador, vive uno de los momentos más frustrantes en el historial de su fútbol, cuando se tenían amplias aspiraciones de lograr la clasificación por primera vez a la fase final de una Copa del Mundo, como la que se jugará en el 2010 en Sudáfrica.
Pero tras la precoz eliminación, salen a relucir las ‘figuras’ de Ariel Alvarado como presidente de la Federación Panameña de Fútbol (FEPAFUT), y de Alexandre Guimaraes como director del seleccionado panameño, como los principales culpables de la debacle producida con la derrota ante El Salvador.
Como reza el refrán “la voz del pueblo es la voz del Dios”. En este momento de decepción que vive la fanaticada panameña por la eliminación, surgen las críticas hacia ambos -el dirigente y el técnico-, que sin ningún tipo de moral pretenden seguir en esos puestos como si nada hubiera pasado y no responden a la demanda de que renuncien, porque son los responsables del fracaso del proceso que levantó la ilusión de todo Panamá.
Alvarado, como él mismo ha reconicido, como presidente tiene que velar por administrar de forma adecuada la selección como patrimonio de la federación, y la rápida eliminación sólo indica que no ha cumplido ese manejo que requirió para seguir adelante en el proceso de la eliminatoria mundialista.
Alvarado, avalando las malas decisiones del técnico Guimaraes de no querer cumplir con una adecuada planificación, menospresiando fundamentales partidos de fogueo para encarar los partidos ante El Salvador, se convirtió en su principal cómplice, que ahora tiene sumergidos a un país entero en una gran decepción.
Guimaraes, quien llegó con rimbonbantes credenciales de ser un técnico con experiencia mundialista no cumplió, no dejó huellas en este proceso, que puedan quedar como referencia para el futuro.
La palabra renuncia, perece que no está en el diccionado de Alvarado ni Guimaraes. Pero en la conciencia de ambos recaerá por el resto de sus vidas uno de los momentos más dolorosos, trágicos y frustrantes de la rica historia deportiva panameña.